Alcántara
La carga de los inmortales.
Humildad y arrojo al servicio de España.
Julio, 1921. En Marruecos, tras el desastre acaecido en Annual, las tropas del general Silvestre (comandante general de Melilla) sufren el incansable asedio de los rifeños; las cabilas al mando del caudillo Abd el-Krim. El general español, no encontrando manera de afrontar el combate en un medio tan hostil, decide emprender un complejo repliegue táctico hacia Melilla desde Dar Drius.
Las tropas avanzan hasta los parajes del río Igan, pero allí se recrudece la ofensiva rifeña, que obliga a los españoles a romper la formación y causa la dispersión de las tropas entre las posiciones de El Batel y el Monte Arruit, dos de los llamados “blocaos” extendidos por el protectorado. En ese contexto, coge las riendas de la situación el general Navarro, quien prepara un plan para salvar a aquellos hombres, al tiempo que entra en escena con el regimiento de Alcántara el teniente coronel Fernando Primo de Rivera. Manella, que era quien debía estar al frente del mismo, había muerto combatiendo en Annual, al igual que el general Silvestre. Este oficial se pondrá al frente del regimiento al que, desde Legado Hispánico, dedicamos este diseño.

El Regimiento de Alcántara fue fundado en el s.XVII reinando Felipe IV, “el rey planeta”, con el objetivo de encarar las hostilidades de una Francia de creciente influencia en el plano europeo. Algunos de sus hitos pasan por combatir en 1656 en el Sitio de Valenciennes (una gran victoria de los tercios), en 1697, defendiendo Barcelona de las garras de Luis XIV y, seguidamente, con acciones dentro y fuera de la Península durante la Guerra de Sucesión.
Además, tuvo operaciones muy destacadas en la Guerra de la Cuádruple Alianza (1717-1719), la Guerra de Sucesión Polaca (1733-1736) o la Guerra de los Siete Años (1753-1763), sin dejar a un lado su participación durante la Guerra de Independencia de Estados Unidos, a través de sus operaciones en el gran Sitio de Gibraltar (1779).
En el siglo XIX, antes de su heroico y dramático acto en el Rif, el regimiento sufrió reajustes y cambios, sobrevenidos por una España en plena lid contra Napoleón y la nueva situación que se abrió tras el Golpe de Riego y los diferentes episodios carlistas. Durante dichos hechos, la unidad fue disuelta para volver a verse refundada en 1844 como Regimiento de Lanceros de Alcántara, 16º de Caballería, con guarnición en Alcalá de Henares. No fue el único cambio en aquel tiempo de efervescencia castrense. En 1859 fue transformado en el Regimiento de Cazadores de Alcántara, 16º de Caballería, y, al acceder al trono Alfonso XII (momento en el cual se reorganiza el Ejército), se queda como Regimiento de Cazadores de Alcántara, 14º de Caballería, alternando las guarniciones en Reus, Lérida y Barcelona. Desde esta última ciudad embarcó rumbo a Cuba, en 1895, donde se batió hasta el final del conflicto.
Aquellos jinetes, ya ninguno vivo, tendrían que esperar 91 años para que fueran reconocidos sus méritos. A pesar de todo, la actuación del regimiento se convirtió desde el primer momento en un referente moral para la Caballería española.
Tras su paso por el ultramar americano, llegan a Marruecos. España se había establecido allí en base a los acuerdos hispano-franceses sellados en 1912, quedando indisolublemente unidos a todas las acciones que tendrán lugar en la zona. El punto o de inflexión será el Desastre de Annual en 1921. Tras aquel exterminio, el protagonismo del Regimiento cobrará tintes memorables, por su arrojo al tratar de salvar a los supervivientes.
En las cercanías de Dar Drius, Navarro, que llega a la zona el 22 de julio, decreta la retirada. Ordenó formar una columna de entre 2.000 y 3.000 supervivientes, que habían de iniciar camino de
Inmediato hacia Melilla. Un objetivo que muchos soldados no pudieron cumplir pues, sin apenas logística, se vieron envueltos en una cruenta emboscada de Abd el-Krim en los cauces secos del río Igan. En consecuencia, el general manda a Rivera que proteja la retirada para frenar el reguero de víctimas. Muchos centauros llevan sobre las grupas hasta tres hombres, mientras protegen los flancos de la deslavazada columna.

Desde aquel preciso instante, el Regimiento de Alcántara fue consciente del sacrificio que se le encomendaba: iban a enfrentarse a caballo contra un enemigo perfectamente posicionado desde las alturas que dominaba a placer la iniciativa, mientras los masacraban sin contemplaciones y con armas muy superiores a las suyas.
«¡Soldados! Ha llegado la hora del sacrificio, que cada cual cumpla con su deber. Si no lo hacéis, vuestras madres, vuestras novias, todas las mujeres españolas dirán que somos unos cobardes. Vamos a demostrar que no lo somos».
Alba del 23 de julio. Las trompetas del Alcántara tocan diana. A las siete de la mañana, sabedores de que les esperaba una muerte segura, los centauros de Primo de Rivera preparan sus uniformes con honor y dignidad. Minutos después comienzan las cargas. Una tras otra, con ardor, con arrojo… con la entereza de las almas puras. La última de ellas, con los caballos exhaustos, al paso. El Alcántara, entendido como unidad orgá-nica, desapareció. Fue prácticamente aniquilado. Monturas y jinetes sembraron con sus restos, insepultos y calcinados, el suelo abrasador de la llanura mora. Cayeron más de 550 valientes en un cuadro de 700 hombres bajo el sol pardo y fiero de Marruecos. Más del 90% de los integrantes del Regimiento se elevaron a los cielos, galopando, en un sacrificio ejemplar; y en beneficio del resto de las fuerzas propias y del marco que nuestro país había aceptado desempeñar en el protectorado africano.

Una heroicidad que bien vale tener en la memoria y hacer brillar tanto como lo que reza su lema:
«HOEC NUBILA TOLLUNT OBSTANTIA SICUT SOL»
La Cruz Laureada de San Fernando colectiva le fue concedida el 1 de Octubre de 2012 por SM el Rey D. Juan Carlos I de España.









